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¿Qué es el distanciamiento social intermitente y por qué se habla de implementarlo hasta 2022?


Un nuevo estudio sobre la dinámica de transmisión y la modelización de futuras estrategias de distanciamiento social, publicado esta semana en la revista Science, apunta a que la incidencia total hasta 2025 del COVID-19 dependerá de la duración de la inmunidad, de la que los científicos saben poco por ahora.


Los autores de la investigación, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EE UU), reclaman, por tanto, que se realicen de forma urgente estudios serológicos longitudinales –como el que España plantea iniciar esta semana– para determinar el grado de inmunidad de la población, y si esta disminuye y a qué ritmo.


Basándose en proyecciones de posibles escenarios de propagación del virus, el trabajo sugiere que, si bien el distanciamiento social puede suprimir muchos casos críticos, la infección resurgirá una vez que se levanten estas medidas recargando de nuevo los hospitales.

Así, los expertos plantean la posibilidad de que se necesiten repetidas medidas de distanciamiento social para mantener niveles manejables de hospitalizaciones y muertes por Covid-19 durante varios años, al menos hasta 2022.


En rueda de prensa, Stephen M. Kissler, uno de los especialistas que dirigió la investigación, explicó que "en ausencia de otros tipos de tratamientos parecen necesarios los períodos de distanciamiento social intermitentes”.


Utilizando datos sobre la estacionalidad de coronavirus humanos conocidos y suponiendo cierta inmunidad cruzada entre el SARS-CoV-2 y otros virus de la misma familia, el equipo de Harvard construyó un modelo para analizar cuánto tiempo deben mantenerse las medidas de distanciamiento social, proyectando la potencial dinámica de la enfermedad en los siguientes cinco años.


Basándose en sus simulaciones, el factor clave que modula la incidencia del virus en los próximos años es la velocidad a la que disminuye la inmunidad del virus, un factor que aún está por determinar. No obstante, el equipo advierte de que en todos los escenarios simulados –incluido el distanciamiento social único e intermitente– las infecciones resurgen cuando se levantan las medidas de distanciamiento social simuladas.


Según los autores, “cuando el distanciamiento social se relaje y al aumentar la transmisibilidad del virus en otoño, puede producirse un intenso brote invernal, que se superponga a la temporada de gripe y supere la capacidad de los hospitales”.


El trabajo publicado en Science modela otro escenario posible en el que se muestra un resurgimiento del SARS-CoV-2 en un futuro tan lejano como 2025. “Las nuevas terapias podrían aliviar la necesidad de un distanciamiento social riguroso, pero en su ausencia, la vigilancia y el alejamiento intermitente tendrían que mantenerse hasta 2022”, argumentan.


Para los autores, esto daría tiempo a los hospitales a aumentar la capacidad de sus cuidados intensivos y permitiría que la inmunidad de la población se incrementara. “Es fundamental distinguir entre esos escenarios para formular una respuesta de salud pública eficaz y sostenida”, afirman.


No obstante, es importante recalcar que este estudio sugiere posibles hipótesis en lugar de hacer predicciones firmes. Según Mark Woolhouse, profesor de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Edimburgo, “es un excelente estudio que utiliza modelos matemáticos para explorar la dinámica de Covid-19 durante varios años. Pero es importante reconocer que se trata de una guía; coherente con los datos actuales pero basada en una serie de supuestos que aún están por confirmar”.


“Como predicción de futuro debe considerarse con cautela, a pesar de la excelencia del propio trabajo”, afirma Rowland Kao. “Pero su valor depende de poder desenmarañar los efectos combinados de tres factores que se producen simultáneamente (inmunidad de la manada, distanciamiento social y estacionalidad); algo que resulta sumamente difícil”.


Además, habrá que tener en cuenta que otras intervenciones adicionales, como la ampliación de la capacidad de los cuidados intensivos y una terapia eficaz (con fármacos o vacunas), mejorarían el éxito del distanciamiento intermitente y acelerarían la adquisición de la inmunidad de la manada.

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