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Por primera vez se escenifica Vía Crucis sin la presencia de miles de católicos en Plaza San Pedro


Este Viernes Santo, el papa Francisco recorrió, en un silencio sobrecogedor, la plaza de San Pedro solamente acompañado por cinco reos procedentes de una cárcel de la ciudad de Padua, duramente golpeada por la pandemia, y cinco doctores y enfermeras.


A la luz de las antorchas, el jefe espiritual de 1.300 millones de católicos, que tanto aprecia el contacto con las muchedumbres, escenificó junto a ese pequeño grupo el Camino de la Cruz, el calvario de Jesús, desde su condena hasta su crucifixión y su muerte.



Una plaza a oscuras, dos hileras de velas encendidas y el papa Francisco vestido de blanco. Caída la noche de este Viernes Santo en Italia, el sumo pontífice presidió el viacrucis. Por primera vez, este emotivo recuento de las estaciones con las que los creyentes católicos evocan el recorrido de Jesús camino a la crucifixión, fue visto por millones de personas desde la distancia, sin fieles de carne y hueso. 


La oración del sacerdote argentino rompió el silencio en el recinto. Clamó por salud. Suplicó por el rescate de la humanidad ante las garras de la muerte. Pidió por la protección de los pobres, los hambrientos y los enfermos en medio de la pandemia. 


Un enorme contraste respecto a hace un año, cuando acompañaron al pontífice 20.000 católicos a un Vía Crucis nocturno en torno al anfiteatro romano del Coliseo, todo iluminado, como ocurre cada año desde 1964.


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